miércoles, 27 de septiembre de 2017

Tendiendo puentes


Una de las principales quejas que los extranjeros expresan a la hora de adaptarse a un país como Kuwait es la dificultad que existe a la hora de socializar y encontrar actividades de ocio. Para mucha gente, este es un lugar aburrido, en el que cada uno va a lo suyo y apenas hay nada que hacer después del trabajo, salvo pasearse por un “mall”. Suerte que existen asociaciones que ayudan a los recién llegados en su odisea en pos de la adaptación, organizando eventos y actividades que les hagan más fácil este proceso. Una de ellas es AWARE, cuya sede visité el miércoles pasado junto a otros compañeros de la escuela.
 

AWARE, siglas de “Advocates for Western-Arabs Relations Center” (defensores o promotores de las relaciones entre Occidente y el mundo árabe), es una organización no gubernamental cuya misión es promover relaciones positivas entre árabes y occidentales con el fin de romper estereotipos y reforzar los lazos de cooperación y solidaridad. Para ello apuestan por actividades y eventos que estimulen la interacción entre personas de diferentes culturas y un mejor conocimiento de la idiosincrasia y costumbres kuwaitíes y del mundo árabe en general. Entre sus proyectos cuentan con cursos de árabe, talleres de cocina y visitas guiadas a un precio bastante aceptable. También organizan conferencias y debates sobre diferentes aspectos de la cultura y sociedad local. Podéis encontrar más información en su página web: www.aware.com.kw



El acto al que asistí consistía en una sesión informativa sobre la vida en Kuwait y algunos consejos para los nuevos llegados a la hora de adaptarnos al día a día en este país. La ponente, Iman, estuvo comentándonos algunas costumbres y particularidades a tener en cuenta en situaciones sociales, como los saludos, relaciones laborales, visitas, etc., y varias normas sociales muy importantes si queremos evitar experiencias incómodas. Estuvo muy interesante, no solo para conocer un poquito más el sitio en el que estoy sino para socializar más allá de mi lugar de trabajo.
 


 
Quiero agradecer a los miembros de AWARE por haberme invitado a ese evento y también por las fotos que me han dejado para esta entrada. No sé cómo estaré de tiempo una vez empiece el master en octubre, pero me gustaría poder asistir a algunas actividades, en especial las llamadas “diwaniyas”, los martes por la tarde, donde se debaten temas políticos, religiosos y sociales, en plan tertulia, o alguna excursión una vez empiece a hacer menos calor. Ya iré contando.
 
 

viernes, 15 de septiembre de 2017

Calor no, lo siguiente




“Pues parece que está refrescando”, me comentaba una compañera de trabajo el otro día cuando salíamos de la escuela, mientras yo sentía como el calor traspasaba las suelas de mis zapatos. Efectivamente, como ya me avisaron a mi llegada, las temperaturas han sufrido una bajada con respecto a finales de agosto. Hemos pasado de tener máximas cercanas a 50 grados a “solo” 42, algo digno de celebrar.
 
Mi calle vacía, sea la hora que sea
























Kuwait City tiene el dudoso honor de encabezar el ranking de las ciudades más calurosas del planeta Tierra, con una temperatura media de 46 grados en julio y agosto, alcanzando e incluso rebasando los 50 grados en algunos días y que seguirá en aumento debido al efecto del cambio climático. Esto conlleva una inversión enorme en aparatos de aire acondicionado que mantienen frescas estructuras, como los inmensos centros comerciales (los únicos lugares en los que parece que existe vida social y entretenimiento estos días), ecológicamente inviables. Aquí ya se están empezando a plantear un diseño urbano diferente y sostenible que reduzca todo este derroche energético. Se van a tener que poner las pilas con este tema.
 
 
Mucha gente va a los "malls" solo para pasear
 

































Como es de esperar, este rango de temperaturas, con mínimas que no bajan de 30 por la noche, condicionan una buena parte de mi día a día. La gente todavía prefiere pasar el tiempo libre refugiada en sus apartamentos, con lo que las oportunidades de salir por ahí y socializar se vean limitadas. Las veces que he salido a explorar un poco, enseguida me he vuelto porque no aguantaba más. Tampoco he podido seguir demasiado con mis carreras camino de la media maratón. A la media hora ya no puedo seguir y tengo que parar, no puedo con mi alma. Ni de noche hay una pequeña tregua para salir sin tener que llevar una toalla para secarse el sudor.
 
El paseo marítimo al caer la noche, cuando ya se puede respirar un poco

 






















Pese a todo, he de decir que el verano en Córdoba me sirvió de lanzadera para tolerar mejor estas primeras semanas en este horno y no desesperar hasta que se alcance un tiempo más agradable (dicen que en octubre ya cambia el panorama). Aún así, este tipo de circunstancias afectan más cuando en el trabajo las cosas no van saliendo como esperaba. Esta semana me ha tocado dejar a un lado mis tareas de orientador y sustituir a una profesora que ni sabemos si va a volver, así que de momento estoy algo mosqueado. Pero bueno, ahora es cuando toca mostrar eso que tantas veces trato de enseñar a los chavales: ser resiliente y ver los momentos difíciles como oportunidades para crecer. De eso se trata, al fin y al cabo, toda esta experiencia.


 
 

viernes, 8 de septiembre de 2017

El canto del muecín


 
Son las seis de la tarde, el sol empieza a ponerse en Kuwait. De repente, un sonido a través de un megáfono rompe el habitual silencio de mi barrio en la zona de Al-Fintas. Se trata del cántico del muecín o almuédano, la persona que desde la mezquita llama a los fieles para que acudan a rezar. Es lo que se conoce en árabe como adhan y tiene lugar unas cinco veces al día, entre el amanecer y la noche. Este momento forma parte de una serie de rasgos relacionados con el Islam que ya empiezan a condicionar parte de mi vida diaria en este país.
 


 



















Kuwait, a pesar de estar considerado como uno de los países más tolerantes y liberales del mundo islámico, no escapa de ciertas limitaciones y restricciones procedentes de la Sharia, o código musulmán de conducta y moral, y que afectan a cualquier persona que resida aquí. Como ya comenté en la entrada sobre el equipaje, está penalizado el consumo y la venta de bebidas alcohólicas. Tampoco se pueden comer productos derivados del cerdo. La pornografía y cualquier otro material considerado obsceno también están prohibidos. Todo esto es algo que ya conocía antes de venir, pero día a día voy descubriendo otras curiosas leyes. Por ejemplo, hace poco también me enteré que es ilegal que dos personas de diferente sexo habiten juntos si no están casados. En relación con este tema, el otro día pasé por un cine a preguntar qué películas ponían y me dijeron que ese era solo para parejas y familias. Por lo visto, los hombres solos tienen sus propias salas, fíjate tú.
 
Surtido de vinos sin alcohol, para los que echen de menos un brindis

 





















Todas estas prohibiciones, a decir verdad, tampoco es que me estén causando un trauma y no me impiden llevar una vida medianamente normal, más o menos similar a la que he llevado siempre. Digamos que son circunstancias que están ahí y que quizás pueden resultar estresantes para aquellas personas que no puedan pasar sin su cañita de antes de almorzar o su bocadillo de chorizo al vino. A mí lo que en realidad me cambia el ritmo de vida es el que el día festivo semanal aquí sea el viernes. Supongo que es cuestión de habituarse, pero a día de hoy se me hace muy extraño trabajar en domingo. Ahora bien, eso de afrontar un jueves sabiendo que es último día de curro de la semana tiene su punto.
 
Supermercado, sección de alfombrillas para rezar

 
Una de las cuestiones que inquietaban a algunas de las personas que me conocen antes de mi partida, era el tema de cómo me iba a tratar la gente al saber que no soy musulmán. Aquí no hay nada por lo que preocuparse, no he notado ningún tipo de rechazo, presión ni mal gesto. Al contrario, por el momento todo el mundo se está portando muy bien conmigo, me noto muy seguro cuando (con permiso del calor) me doy algún paseo y no hay hostilidad por ningún lado. Si fuera cristiano, aquí también tendría la posibilidad de ir a algunas iglesias.

Espero que mi testimonio personal en esta y futuras entradas ayude un poco a desterrar algunos prejuicios y temores arraigados asociados a estos lugares. No es desde luego un país en el que podría residir toda mi vida, pero tampoco es que se esté tan mal. Si vivís o habéis vivido en algún país musulmán, espero poder leer vuestros comentarios al respecto, ¿cómo os habéis sentido?