viernes, 19 de enero de 2018

Visitando Omán (II): Nizwa y alrededores



Tras el paso por Muscat y la salida hacia Nizwa, una población situada entre espectaculares montañas en el interior de Omán, empezó a aparecer ese componente de aventura tan necesario en cada viaje. Aquí me quedé durante cuatro días donde tuvieron lugar la mayoría de anécdotas y momentos curiosos durante mi visita a este país.


Dejé el apartamento en el que me alojé con muchas ganas de explorar y descubrir con más luz las calles y los edificios por los que pasé cuando llegué, ya al caer la noche. Fue muy bonito volver a disfrutar del ambiente de pueblo, con gente que se mueve de un lado a otro en bicicleta, sin tráfico ni molestos pitidos. Y además rodeado de unos paisajes montañosos que estaban pidiendo a gritos una caminata por sus laderas. Pero el senderismo tendría que esperar un día más ya que antes decidí acercarme a Bahla, a media hora de Nizwa, famosa por su esplendido fuerte, patrimonio de la Humanidad. En el trayecto hacia allí, me hice amigo del taxista, Ahmed, un chaval que se ofreció a llevarme a explorar las montañas cuando estuviera libre, proposición que no pude rechazar.


La vuelta desde Bahla a Nizwa resultó un poco más complicada porque no pasaban taxis y es aquí donde de verdad me di cuenta de que en Omán se necesita tirar de coche alquilado si uno quiere moverse con facilidad. Aún así, al final encontré a un señor muy amable que iba para allá y se ofreció a llevarme. No sería la única vez que algo así me pasara en este viaje.
Una vez en mi destino, aproveché las últimas horas de luz para darme una vuelta por el zoco, repleto de puestos de cerámica, y el fuerte, el más antiguo de Omán. Es un sitio precioso, en cuyo interior se conservan objetos y textos antiguos, y desde cuya torre se divisa toda la ciudad y sus alrededores. Un sitio muy recomendable a pesar de que la mayor parte ha sido restaurada en repetidas ocasiones y apenas queda constancia del armazón original.

Puestos en el zoco
Al día siguiente, salí rumbo a otra localidad cercana, esta vez Misfat al Abryeen, una pintoresca aldea rodeada de terrazas repletas de vegetación por donde serpentean los famosos falaj, un sistema de irrigación tradicional, también patrimonio de la Humanidad. Este método de regadío viene a ser lo mismo que las acequias que los árabes dejaron en la Península Ibérica y que a su vez, tuvieron como inspiración los acueductos romanos. 
Saliendo de la aldea hay varias rutas de senderismo por las que perderse entre cañones. Yo encontré una muy chula pero no la pude completar porque quería estar de vuelta antes del atardecer. Resulta que solo hay dos sitios donde alojarse en Misfat, y los dos estaban repletos, por lo que decidí caminar colina abajo hasta Al Hamra, el pueblo vecino, a ver si allí encontraba algo. Por el camino, dos personas que llevaban pollos, me hicieron un hueco en la cabina del conductor y conseguí hacerme entender para que me dejaran cerca de algún hotel. Encontré un sitio que tampoco tenía camas libres pero el dueño, muy amable también, tenía un amigo que tenía otro amigo que acababa de abrir una especie de parador hace dos días. Esa noche, en una casa vacía, toda para mí, me convertí en el primer huésped de ese, espero que, futuro próspero negocio.

Había entrado ya en una dinámica de situaciones inesperadas y surrealistas, que no puse ningún reparo a irme con Ahmed, el taxista, a recorrer las montañas de Jebel Akhdar en un vetusto 4x4 con música árabe a todo meter. Más allá del lugar en sí, donde destaca sobre todo la ciudad abandonada de Birkat al Mouz, fue muy interesante conversar con mi improvisado guía, un chico con un pensamiento muy tradicional y conservador, sobre diferentes temas sociales y culturales. Para mí, supuso una especie de shock escuchar con qué calma me comentaba cómo su tío se las apañaba con sus dos esposas, o cómo él veía normal que las mujeres en su pueblo no salieran a la calle apenas y fueran prácticamente cubiertas (a algunas no se les ven ni los ojos). Me puse a pensar en cómo los procesos de culturización afectan a las actitudes de las personas y me imaginaba cuál podría ser la reacción de este chico si le hablase de determinadas cuestiones en torno a la sexualidad y los derechos sociales que en España se perciben como legítimos y completamente aceptables. No me atreví, la verdad, a iniciar un debate ya que, por alguna razón, sabía que iba a ser difícil hacerle entender mi postura (y, bueno, que tampoco quería quedarme tirado en plena montaña).


Cuando uno está en la capital, es relativamente fácil llegar a cualquier sitio o conseguir lo que sea, cosa que no siempre es posible, como me pude dar cuenta, en zonas más rurales. Pero lo que puede significar un incordio, no deja de ser parte de la esencia del viajar y que, quizás, sea lo que mejor y de forma más entrañable recuerde en el futuro. Vale que, como ya dije, Omán no es el país ideal para ir de mochilero, pero al final es posible llegar a cualquier sitio con determinación, tranquilidad y también, por supuesto, algunos gramitos de suerte.

viernes, 12 de enero de 2018

Visitando Omán (I): Muscat



Empiezo ya aquí la crónica del pasado viaje a Omán en el lugar donde suelen aterrizar prácticamente todos los vuelos internacionales, que es su capital, Muscat o Mascate, como se diría en español. La que fuera en su día colonia portuguesa (y por unos años, hasta española) y una de los principales puertos en las rutas comerciales entre los siglos XVI y XVII, conserva gran parte de su esencia y legado histórico y no ha dejado que la salvaje urbanización que caracteriza otras ciudades del golfo Pérsico tenga lugar. Esto la convierte en una ciudad con cierto encanto y bastantes condiciones de habitabilidad pese al calor y la humedad de los meses de verano. Desde luego, atractivos y lugares para visitar no le faltan.

Mis primeras dos noches en Omán me alojé en un apartamento muy cercano al principal monumento de interés en Muscat: la Gran Mezquita del Sultán Qaboos, la más importante del país y tercera en el ranking mundial por tamaño. Su construcción se finalizó en 2001 y fue un regalo del que hasta el momento sigue siendo el gobernante del país (47 años lleva ya) a su pueblo. El conjunto completo impresiona ya desde antes de entrar, al ver la enorme cúpula y sus minaretes a lo lejos. Una vez dentro es una auténtica pasada de lugar, una verdadera joya arquitectónica en la que se pueden pasar perfectamente un par de horas admirando cada detalle.

Tras descalzarme como es debido, entré en el salón de oración donde destaca una enorme lámpara de cristal de unos catorce metros de altura, lo que le da el honor de ser la más grande del mundo. Otra joya digna de record Guiness es la alfombra persa que recubre el suelo de la sala, que ofrece capacidad para unas 20000 personas. Avanzando hacia el fondo nos podemos encontrar un preciosamente adornado mihrab, el lugar más sagrado del recinto, cuya decoración basada en figuras geométricas y versos coránicos está cuidada hasta el último milímetro. Como nota interesante sobre el Islam en Omán, decir que aquí la rama mayoritaria no es ni la suní ni la chiita, sino la ibadí, lo que hace que este país mantenga un posición neutral en relación a los conflictos entre otras naciones del mundo árabe.



































Todavía encandilado tras el paso por la Gran Mezquita, me fui al parque Qrum, el más transitado por los locales y el principal pulmón verde de la ciudad. Es un bonito lugar para dar un paseo y hacer picnic, aunque me di cuenta que algunas zonas, como el lago central, están algo dejadas y les haría falta un repasito. Antes de encontrarme con mi amigo Arturas, bajé andando del parque a la zona de la playa donde puede disfrutar de uno de los atardeceres más espectaculares que he visto últimamente. Para el primer día no había estado nada mal.


La segunda jornada en Muscat, el día de Nochebuena, la pasé enteramente en la zona de Matrah, donde se encuentra el puerto, el zoco, el paseo marítimo de Corniche y otros lugares de interés histórico, como algunos fuertes y museos. Es un distrito que da para un día entero, con rincones concretos que animan a sentarse un rato y simplemente observar, escuchar, en definitiva, sentir todo lo que ocurre alrededor. En cuanto al zoco, es muy recomendable y se pueden conseguir artículos interesantes más allá de los kummar (los gorros típicos que suelen llevar los hombres aquí), siempre con el pertinente regateo por medio, claro está.



Si uno sigue recorriendo la costa más allá del paseo de Corniche, pasando el parque Riyam, se llega a una zona destinada en su totalidad a edificios gubernamentales, entre ellos el palacio de Al Alam, utilizado por el Sultán para ceremonias oficiales. En sus alrededores hay algunos ministerios, un par de fuertes a los que no se puede acceder y el Museo Nacional. 


Entrada al palacio de Al Alam
Como digo, me dio muy buena impresión Muscat y, por lo que me dijo mi amigo, es un buen lugar para vivir más allá de los atractivos turísticos. Pero yo lo que en realidad iba buscando eran montañas y zonas rurales, algo que encontraría al salir de la capital, en Nizwa y sus alrededores, a los que dedicaré la próxima entrada.

jueves, 4 de enero de 2018

De vuelta del edén



¡Feliz año a todo el mundo! Pues nada, ya estoy otra vez en Kuwait, de regreso de una tierra de ensueño. Se me han hecho muy cortos estos doce días en Omán, un país repleto de lugares fascinantes para visitar, y al que confío en volver en el futuro con algo más de tiempo.

Mezquita del Sultán Qaboos, en Muscat

Hay muchas razones por la que elegir Omán como destino de vacaciones pero la principal para mí ha sido la cantidad de espacios naturales en los que poder hacer lo que siempre voy buscando cuando viajo, que es hacer senderismo. Existen multitud de rutas a lo largo de formaciones rocosas increíbles, playas inmensas, valles y palmerales, pasando por antiguas ciudadelas y pueblecitos que conservan la esencia de esta tierra. Es justamente todo lo que no puedo encontrar en Kuwait, lo que ha hecho que viva este viaje con más entusiasmo si cabe.

Vista de un valle en Jebel Akhdar
También me ha encantado la simpatía y amabilidad de la gente local. Suelen ser personas muy tradicionales en su mayoría, pero abiertos a conocer diferentes culturas y puntos de vista. Según el amigo al que visité, Arturas, y que lleva allí más tiempo, los omaníes muestran, en general, un gran respeto hacia los extranjeros, tanto a los que trabajan allí como a los turistas. Yo lo he podido comprobar estos días en primera persona; muy buena gente la de Omán.

Pescadores en la playa de Sur

Por ponerle alguna pega al viaje en Omán, me he dado cuenta de que no es un país para mochileros, en el sentido de que no es tan fácil moverse de un lado a otro. Es decir, la mayoría de turistas que vienen aquí van a todas partes con su coche alquilado y suelen venir, o bien en familia o en grupo. Me daba la sensación de que yo era el único que iba por ahí con la mochila a cuestas. Pero bueno, no es imposible viajar como yo lo he hecho aunque se requiere más tiempo. He ido tirando de autobuses públicos, taxis compartidos y conductores espontáneos que se paraban a recogerme para llevarme a mi destino. De todas maneras, la próxima vez me organizaré mejor y me pillaré un vehículo, es lo suyo.

También incluyo esta barcaza entre los vehículos "alternativos"
Esto es solo un breve resumen de mis sensaciones después del viaje. En las próximas entradas iré describiendo con más detalle los lugares por los que he pasado y contando anécdotas. Espero que os pueda servir de ayuda a los que se estén planteando viajar a este paraíso en la tierra. Yo, por mi parte, quiero repetir.




jueves, 21 de diciembre de 2017

Rumbo a Omán (y felices fiestas)



Llegaron las fiestas navideñas y con ellas las esperadas vacaciones en el colegio. Aquí en Kuwait, como podéis imaginar, la Navidad no se celebra, pero los colegios internacionales se toman unas tres semanas de descanso, más que nada para que el personal (la mayor parte procedente de países occidentales) se pueda tomar un respiro. Como hay bastantes extranjeros que no vuelven a sus respectivos hogares y se quedan aquí en estas fechas, en las tiendas se pueden comprar arbolitos y otros adornos navideños para que puedan seguir sintiéndose como en casa.

No sé si es siempre así o solo estos días, pero la decoración del Zoco me pareció también muy navideña

























































Debido a que no hace casi nada que estuve en España, yo he decidido pasar estos próximos días de viaje. En esta ocasión me voy a Omán unos días, donde me encontraré con Arturas, un viejo conocido de mi etapa lituana, que ahora mismo trabaja por allí. He estado planeando la ruta que voy a hacer y he podido ver ya unas fotos espectaculares. Por lo visto el sitio es una pasada y hay montones de lugares interesantes para visitar. Se me van a hacer cortos estos próximos trece días.

La cosa promete


Básicamente esto es todo lo que quería decir en esta entrada. A la vuelta volveré con nuevas crónicas y experiencias por tierras omaníes. Espero que paséis unas felices navidades, ajenos a todas las discusiones políticas que se os vienen encima por España (os recomiendo pasar de Whatsapp y redes sociales por unos días y centraros en aquellos que tenéis más cerca) y tengáis una buenísima entrada del año. Yo por mi parte lo estoy acabando en muy buena forma, positivo e intrigado por saber que me deparará el 2018. En este 2017 que pronto dejaremos creo que he cumplido bastantes objetivos y no puedo más que sentirme satisfecho. Gracias a todos y a todas por haber estado ahí apoyando y ayudarme a conseguir mis propósitos. ¡Que os vaya bonito!


viernes, 15 de diciembre de 2017

A jorobarse



El pasado sábado los amigos de AWARE volvieron a organizar una actividad con el objetivo de acercar a los extranjeros en Kuwait algunas costumbres y particularidades de este país. Esta vez le tocó el turno a las carreras de camellos, un evento que se celebra de noviembre a abril, y que suele atraer tanto a locales de todas las esferas sociales como a visitantes curiosos por descubrir esta peculiar tradición.


Las carreras de camellos no son exclusivas de Kuwait, sino que son también populares en otros países de Oriente Medio. Lo que sí es diferente con respecto a otros lugares es el uso de robots teledirigidos por control remoto como jinetes. Anteriormente se solía echar mano de personas de baja estatura y también a veces menores de edad. Esto provocaba la indignación de  las organizaciones humanitarias cuya presión acabó convenciendo a los organizadores a tirar de las nuevas tecnologías desde 2005. El robot consiste en un pequeño armatoste con una varilla de plástico en forma de látigo, emulando al que llevan los jinetes, que le va dando toques al camello en el lomo durante la carrera. Mientras, el dueño del camello sigue la carrera en coche y va dirigiendo los movimientos del robot con un mando.


La distancia que suelen cubrir los camellos (aunque yo creo que sería mejor llamarlos dromedarios, porque tienen una sola joroba) en una carrera depende de su edad. Los más jóvenes corren una distancia de 3 kilómetros mientras que los más veteranos pueden recorrer circuitos de hasta 11 kilómetros. La velocidad máxima que puede llegar a alcanzar este animal está en torno a los 65 kilómetros por hora. Normalmente se suelen seleccionar camellos de complexión ligera para esta competición, que suelen ser entrenados en granjas especiales con una dieta controlada al detalle, compuesta básicamente de leche, miel, maíz y vitaminas.


El tema de utilizar animales para carreras, con los sufrimientos añadido que conllevan para estos, provoca la indignación lógica de grupos animalistas que reivindican los derechos de estos seres. Sin embargo, aunque sin ánimo de justificar esta práctica, nos dijeron que el camello es uno de los animales más apreciados y queridos y a los que mejor se le trata en Kuwait. No es de extrañar teniendo todo lo que pueden aportar, desde medio de transporte a través del desierto hasta proveedor de productos alimenticios, como su leche y mantequilla derivada, que tuvimos la oportunidad de probar allí mismo.



 
























 Debo reconocer que las carreras en sí no me generaron demasiada emoción, más bien me sentía algo incómodo viendo a esos artilugios agitando su varilla, pero al final no estuvo mal. Fue una oportunidad de salir fuera de la ciudad, a la linde ya con el desierto y poder ver de cerca a estos animales, algunos bastante mansos y que se dejan acariciar, y otros con los que hay que ir con tiento. Si tenéis un sábado libre, no lo dudéis y acercaos al Kuwait Camel Racing Club a echar un vistazo, no deja de ser una experiencia curiosa y diferente.



viernes, 8 de diciembre de 2017

Dándome el gustazo




Al igual que me ha pasado antes en otros países, siempre doy con chucherías que me enganchan desde el inicio y a las que al final acabo echando de menos cuando me voy. Las que incluyo en esta entrada no son exclusivas de Kuwait (de hecho, creo que ninguna es en realidad originaria de aquí) sino que se pueden encontrar fácilmente en cualquier país de Oriente Medio. Para mí es la primera vez que resido en esta zona del mundo, es por ello que me entusiasme tanto poder probarlas. Algunas ya las había catado antes pero hasta ahora no había tenido un acceso tan fácil y tan económico.

Kebab con muttabal (es como un hummus de berenjenas) y pan tamaño chapela, el almuerzo perfecto

Una de las primeras cosas que descubrí al llegar a Kuwait, y que me alegró enormemente, es que aquí sí que se podía encontrar queso de todo tipo en cualquier parte. Después de haber estado tanto tiempo en un país como China, en el que este producto no es habitual, me resulta muy reconfortante poder pillarme un cuarto de feta, un paquete de mozzarella o tarrinas de queso para untar cada vez que voy a hacer la compra. Mi verdadera droga.

Tarrinas de labneh, queso fresco para untar


















Esto también está riquísimo
























Otra sección que siempre suelo visitar en el supermercado es la de los encurtidos. Aquí se pueden encontrar todo tipo de aceitunas y otros productos como el mish, uno de mis preferidos. Se trata también de un tipo de queso, de origen egipcio, salado, cremoso, fermentado durante meses y que se suele comer mojando sopas con pan de pita (al menos yo lo hago así). Dice mi amigo palestino que a veces se pueden encontrar pequeños gusanos agazapados entre los grumos, pero que son inofensivos y no dañan nuestra salud (lo que no mata engorda).


Siguiendo con los productos lácteos, en este caso bebidas, aquí hay dos que me tienen loco. Una es el laban, un tipo de yogur líquido que me recuerda al kefir ucraniano (una de mis pasiones de mis tiempos lituanos). La otra es el ayran, de origen turco, también hecha a base de yogur, aunque menos cremoso y algo más agrio que el laban. Mi favorito es uno mezclado con menta, un deleite para el gaznate.



















Por último, un parrafito dedicado a las mejores golosinas y las que más enganchan: los dulces árabes. Aquí es bastante fácil encontrar delicias como el baklava (un pastel relleno de pasta de nueces originario de Turquía) o la kanafah (una especie de tarta de queso típica de Palestina). También es muy habitual encontrar tarrinas de halva, un dulce elaborado con pasta de sémola y pistachos (a mi me tiene loco una variedad que lleva chocolate también). Y finalmente mi postre favorito, la basbousa o hareesa, una especie de bizcocho hecho de sémola que se suele servir caliente. Una maravilla, de verdad.










































Mojar un trozo de pan de pita en hummus, sentir el crujido del hojaldre de los baklava, relamerse los restos de laban que se han quedado en las comisuras de los labios… Estos pequeños placeres, quizás no sirvan en demasía para cambiar la opinión que uno tiene o el sentimiento asociado a este país, pero si que ayudan a hacer un poco más llevadero el día a día aquí. Desde luego, el que no se consuela es porque no quiere. Me voy directo al super, que estoy ya con el “mono” otra vez.



viernes, 1 de diciembre de 2017

El sol detrás de las nubes



Cuesta imaginar que en una ciudad en la que se rinde culto a la modernidad, los edificios altos, las autopistas y los centros comerciales con decoración futurista, pueda existir algo a lo que pueda llamarse “casco viejo”. Apenas quedan vestigios de lo que en su día fue esa pequeñita aldea pesquera en el siglo XVII, pero si uno explora bien todavía pueden encontrarse tesoros históricos a los que merece la pena hacer una visita. El fin de semana pasado tuve la suerte de participar en una de las excursiones guiadas que la asociación AWARE (no se podrán quejar de la publicidad que les hago a cada momento) organiza para dar a conocer los poquitos restos urbanísticos que han sobrevivido a la feroz fiebre constructora del país.

El primer punto en nuestro itinerario, justo al lado de la Gran Mezquita, fue la mezquita Al-Khalifa, cuya construcción se remonta al año 1714. Es una de las más antiguas del país y de las que mejor se conservan de esta época. Es un edificio pequeño, sin demasiadas ornamentaciones, en el que destaca sobre todo su minarete. De este mismo periodo hay varias mezquitas dispersas por el centro, que contrastan con los modernos edificios a su alrededor, resistiendo el infrenable empuje urbanístico.

Interior de la mezquita

Otro de los sitios más vetustos de Kuwait es la puerta de Shamiya, una de las entradas originarias en los primeros muros de la ciudad, construidos en el siglo XVIII, época en la que la ciudad comenzó a cobrar cierta fama y se convirtió en el objetivo de tribus rivales en busca de recursos. Todavía faltaba más de un siglo para que se empezasen a descubrir los primeros pozos petrolíferos en la zona pero, por aquel entonces, la ciudad de Kuwait ya tenía bastante importancia como puerto comercial, siendo uno de los puntos más destacados en la ruta entre la India y las costas del Este de África.

El siguiente lugar que visitamos fue el Palacio Naif, de construcción más reciente. Fue edificado a principios del siglo XX por motivos de seguridad y defensa de la ciudad. Estaba considerado como parte primordial de la segunda línea defensiva después de los muros, dando cobijo a un gran número de efectivos militares, armas y municiones. Hoy día sigue siendo un importante centro político y social del país. Dentro de la visita pudimos ver las celdas donde solían custodiarse a los prisioneros de guerra y un pequeño museo dedicado a conservar objetos antiguos y fotografías del pasado kuwaití.

Patio principal del palacio con la Torre de la Liberación al fondo
Los "millenials" no han vivido esto












Después del Palacio Naif, la excursión terminó pero yo seguí explorando los alrededores por mi cuenta hasta llegar a otro de los principales puntos de interés, el zoco Al-Mubarakiya, uno de los lugares más genuinos de la ciudad. Aquí uno puede pasar fácilmente varias horas entre puestos de todo tipo, donde el regateo es parte primordial de la experiencia a la hora de comprar algo. Es además una de las mejores zonas para disfrutar de la comida local a precios muy asequibles. Quizás debería dedicar una entrada especial en el futuro solo para este sitio, de momento uno de los que más me ha gustado desde que llegué.


Una de las entradas al zoco
Pues nada, ya sabéis que si venís a Kuwait a hacerme una visita, vais a poder ver algo más que centros comerciales, aunque no creo que este país pueda dar para más de dos o tres días. Tengo pendiente todavía la isla de Falaika, a la que pienso escaparme antes de que vuelva a hacer calor. Ahora son, sin duda, los mejores días para salir, aunque me dicen que pronto hará frío de verdad, puede que me haga falta una rebequilla, vamos a ver.